De pequeña tuve episodios de alucinaciones. Serias. Ahora sé que son consecuencias de fiebres bastante altas, supongo que llegaron a casi 41 °C. Recuerdo que le decía a mi mamá que me sentía “extraña”, porque realmente a los 7 años no se comprende lo que está pasando. 

Cada que alucinaba obviamente veía y experimentaba cosas un tanto fuera de lo normal y cuando regresaba mi temperatura a la normal y ya no me sentía “extraña”, todavía lograba recordar lo que pasó por mi mente en esos momentos de separación de la realidad. 

Un recuerdo bastante fuerte es el de un temor bastante grande a ser la única persona en este mundo. En ser la única “viendo”. Me ponía a pensar, ¿cómo saber si el resto de personas ven?. De lo único que estamos conscientes es lo que nosotros vemos, lo que nosotros sentimos. Entonces me sentía abrumada porque me daba cuenta que el mundo era visto de infinitas maneras y yo corría el gran riesgo de ser la única en ver X o Y cosa. 

¿No se han puesto a pensar? ¿Cómo ven el mundo, su vida? Como siempre, con los mismos ojos de siempre. La perspectiva no cambia. Se vive 10, 20, 30… años viendo de la misma manera. Viendo de adentro hacia fuera. Una persona jamás será completamente capaz de verse desde otra perspectiva. Desde otros ojos.

No sé si ahorita fui capaz de plasmar el verdadero terror que me causaba esto de pequeña. Y si no fui capaz, posiblemente signifique que no me causa el mismo terror ya teniendo 22 años. 

De repente me vino esta memoria (y hablando de ello, en extremo interesante cómo es que la mente humana crea las memorias) por un comentario que dejó DOll en la entrada anterior.

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