La historia del universo – y en ellas nuestras vidas y el más tenue detalle de nuestras vidas – es la escritura que produce un dios subalterno para entenderse con un demonio.

Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Borges

 

¿Realmente controlo yo mi vida? ¿Es el destino más fuerte de lo que me atrevo a pensar? Puedo creer que tengo cierta independencia, pero no es más que un poco de soltura que le ha dado el amo a las cuerdas con que guía a su marioneta. ¿Quién soy ante tantas fuerzas que mueven este mundo? Soy nada, absolutamente nada en lo infinito de lo existente.

 

Lo que me haya creado, fuerzas divinas, física, química, biología, el azar, etc. obviamente es mucho más poderoso que yo, porque no tomé la decisión de nacer. O al menos no estoy consciente de ello. Entonces, ¿realmente tengo voluntad? o simplemente me han hecho creer que tengo voluntad propia. Si no tuve la voluntad propia para decidir nacer, entonces no soy merecedora de la libertad total y absoluta que podría tener, pero que carezco por no haberme creado a mí misma desde el principio.

 

Esta pequeña porción de poder, libertad y libre albeldrío que poseo es “ilusorio” y me debe bastar. Puedo desear, decidir y luchar todo lo que quiera pero al final no depende de mí sino de alguien más con un poder superior a mí. Superior porque me creó y por ende me posee y debe manejar, o superior porque es infinitamente más sabio y su sabiduría le confiere poder.

 

¿Hasta dónde quiero, debo y merezco decidir? Mi inferioridad automáticamente me priva de libertades. ¿Para qué crear algo sólo para satisfacer la sed de poder y dominio? ¿Y quién creó a mi Creador? ¿Qué o Quién es el Creador original?

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