Toda esta experiencia de vivir sola…

Tuve una época en mi casa en la que peleaba mucho con mis padres, recién acaba de ser, y vivir sola era una idea tan atractiva. Vivir según mis reglas, mi horario, mis creencias, mi ritmo, fue algo que se grabó en mi cerebro y no veía las horas en las que  podía cumplirlo. Ahora que estoy viviendo sola en un lugar nuevo, y aunque es por períodos cortos de tiempo, me doy cuenta que extraño mi HOGAR.

Extraño la vida que me había hecho, mis alrededores, el clima, my madre, mi gatita. Mi ciudad y mis amigos. 

La vida obliga un cambio de ambiente en cualquier momento y saber que no todo permanecerá igual durante mi vida no me intimida o atemoriza, sino más bien me hace planificar (si es que eso es posible) mi vida de una manera más cuidadosa. El concepto de vivir sola, sin casarme o tener hijos, es revisitado y analizado – no necesariamente cambiado- pero visto desde otro lente. Entonces me pongo a pensar que la formación de familias es para suprimir el aburrimiento y temor de permanecer sola en la vida…

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Porque en un día domingo en La Gomera, en el que debo admitir que no es mi tipo de pueblo, me doy cuenta que extraño más de lo que imaginé a mi familia y amigos. Extraño poder salir a una cafetería y tomar algo mientras leo tranquilamente. A veces pienso en salir a tomarme un licuado y leer, pero al final no lo hago. No sé porqué.

Creo que lo que más extraño es tener conocidos con los que puedo tener verdaderas conversaciones y eso no he encontrado acá en La Gomera. No es el tipo de pueblo en el que se lleven a cabo cada dos días eventos culturales, a menos que se crea que un concierto de la Sonora Dinamita en el Día de la Independencia me hará cambiar mi perspectiva de vida. Extraño la cultura. Me gusta una vida tranquila y sencilla, pero odio el aburrimiento intelectual. Estar sedienta de cultura.

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