Suena el timbre. Alzo la vista y veo a través de la ventana: es él. Desaliñado, con barba, ropa vieja, sucio (te conozco, no te has bañado aún). Entrando ya a la vejez. Bajo el periódico y lo pongo en la mesa. Voy a mi cuarto y me visto (hasta de él desconfío) y me tomo mi tiempo. Talvez piensa que no hay nadie en la casa y se va. Esto me causa placer. Tener esa pizca de poder ahora en mi vida, luego de tanto silencio y sumisión. Es una pequeña victoria para C.

Al arreglarme el pelo me toma por sorpresa mi reflejo: mi cara compungida, ceño fruncido, boca cerrada, ojos distantes. Ya me estoy preparando para el encuentro. Abro la puerta y luego diré “hola, qué tal”. ¿Y después? ¿Qué pasará luego? ¿Por qué tuviste que ser vos? ¿Por qué me lastimaste  tanto y ahora sólo esperás que te logre perdonar y tolerar por la sangre que corre por mis venas? Sangre tuya. NO. E me ha dicho que no le hable así  a menos que esté ella ahí o bien, ya sea por teléfono. Pero lo raro, no le tengo miedo a sus golpes, tengo miedo de lo que YO pueda decir. No quiero causarle tanto daño a alguien, simplemente no tengo valor para ello. Puede ser que ya no te respete y por eso mismo diga ¡a la mierda vos y los que te rodean! ¡me vale madre la sangre! pero te tengo lástima. Te veo y me pongo triste. Desaliñado, con barba, ropa vieja, sucia. 

Tengo que ir a abrir la puerta. 

Llego, abro la puerta y veo que estás a punto de irte. 

-Ah, pensaba que no estaba nadie, dice M.

-Bien, le contesto.

-Y… ¿dónde está?

-No está, se fue, pero ya va a regresar. Se fue al mercado.

-Ah bueno. Mirá, le venía a dejar este cheque. 

¡Dinero! ¡Dinero! ¡Dinero! ¡Tu estúpido dinero!

Una relación no se basa en dinero. No des nada a menos que te preocupés de mí. Pero, yo sé que nunca andás bien de dinero. Por favor, si no tenés, no te preocupés; E muy bien me puede sacar adelante. Ya lo hizo por 22 años. ¿Por qué tuviste que ser vos?

¿Eh? Tu mano sobre mi hombro. Jm. Hasta ya perdí la costumbre de saludarte besándote. No me había dado cuenta. 

-Ah va, está bueno, te contesto.

Ya recuerdo porqué es este cheque. ¡Estúpido dinero! 1, 2, 3 segundos de silencio. Qué mas. Pues nada, ya nada. Me has mandado a decir con E que ya estoy grande y que tomo mis propias decisiones. Y aparentemente he tomado la decisión de no tener una relación contigo. Eso pensás. A eso me has obligado. ¿Será cierto? Me estoy haciendo la víctima. Maldita sea. 

-Bueno, nos vemos entonces, dice M mientras se dirige a su carro donde OBVIAMENTE están B y Em. Lo que yo siento por C ellos pronto comenzarán a sentir por mí. ¿Ya viste todo lo que causó tu maldito machismo? MALDITO. 

-Ok, con cuidado entonces. Me despido.

Cierro la primera puerta. El cheque está en mi mano; dinero a cambio de una consciencia tranquila. ¡Poca cosa! Llego a la segunda puerta y la cierro con fuerza. Me relaja oír el metal golpeando violentamente el marco de la puerta. Espero haya oído, pero sabiendo que M me conoce tan poco (ahí ni la sangre logra el acometido) no sabría interpretarlo. En cambio, E me preguntaría de inmediato : ¿qué te pasa? Y ahora, ¿por qué estás enojada? (¿Qué voy a hacer cuando E ya no esté conmigo?).

Tiro el cheque sobre la mesa, veo el periódico, mi taza de café, mi libro. No. Esto lo tengo que escribir, no puedo olvidar estas emociones exactas. Voy a mi cuarto, tomo mi cuaderno y lapicero, hago un lado el periódico. Busco la siguiente página en blanco, veo tinta negra aparecer sobre ella… y me duele.